¿Como le vas a pedir a un buen vino que envejezca en dos meses? ¿O a un arroz con leche que se haga en 5 minutos?
Las cosas necesitan su tiempo. No hay más.
Y cuando confiamos en algo. Lo que menos debe importarnos es el tiempo.
Todo llega, si debe llegar. Como se suele decir: "A su debido tiempo". Cuando todo encaje. Respetando el ritmo de cada uno, de cada cosa.
Mi madre siempre me decía, sin mucho éxito la verdad, que "La prisa nunca es buena consejera". Ahora, con el tiempo, sé que tenia razón.
Pero esta entrada no se titula "Esperar". Se titula "Saber esperar", que es muy diferente. Saber esperar con alegría, con el convencimiento de que es para bien. Sin angustias.
El emocionarse con algo, el quererlo ya, el vivir el momento: engancha.
¿Pero en el fondo lo importante es tener muchas vivencias a cien por hora o algunas menos pero bien vividas? Saboreándolas.
(Nota: Esta entrada la escribe un acelerado de nacimiento en vías de recuperación. Esperando disfrutar de la vida por calidad, no por cantidad.)
2 comentarios:
Totalmente de acuerdo.
Sí a la espera con optimismo. Con sedación y emoción.
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